No se si te he contado que por la ciudad me muevo en moto, tengo una vespa de 50 cc color negro con la que voy y vengo al trabajo para evitar los atascos causados por la multitud de obras que hay en mi ciudad (eso da para más de un post). Una cosa rara que me ocurre cuando voy en la moto y estoy parada en algún semáforo es que todos los niños pequeños y bebés me miran, si, no sé por qué, pero se quedan e mirándome descaradamente sin quitarme ojo de encima incluso volviendo la cabeza para no perderme de vista, no sé cual es el motivo, pero supongo que debe llamarle la atención el casco, pensarán vaya cabeza tan gorda que tiene la señora esa (si, lo reconozco los bebés deben verme como una señora mayor), a mi me hace gracia y normalmente les saco la lengua o los saludo con la mano, los bebés son adorables. Pero otra cosa rara que me ocurre y que no es nada adorable es que los perros a mi paso en moto me ladran (o me utan utilizando el palabrejo andaluz destinado a tal efecto).
A mi los perros no me entusiasman, verás, no es que me disgusten, de hecho yo de niña tuve una perrita ( que mal rato cuando Pelusa murió de viejecita), mi hermana tiene una boxer super cariñosa y muy buena y eso que tiene una boca en la que cabe perfectamente mi muslo a lo ancho (y mi muslo es mucho muslo). Pues eso, los perros con los que tengo relación familiar o amistosa (bueno con sus dueños no con ellos propiamente dichos), me caen bien, pero los perros desconocidos me dan un poco de repelús.
Supongo que es por las malas experiencias que he tenido con los perros, que además de hacerme pasar un mal rato son un poco surrealistas. La primera vez que tuve un enfrentamiento con un perro fue cuando yo era pequeña, tenía unos 6 añitos y actuaba en la fiesta de fin de curso del colegio, todos los de mi clase íbamos disfrazados de trogloditas, y teníamos que cantar una canción super divertida " un día en la edad de la piedra, en tiempos que no estabas tu...." bueno bueno, no sigo que me voy por los cerros de Úbeda. Pues para que el susodicho disfraz pareciese más real todas las niñas teníamos que llevar un hueso en el pelo cogido con una coleta tipo fuente. En aquella época, no había demasiadas tiendas de disfraces y la economía de mi hogar no era demasiado boyante, por lo que mi madre, ni corta ni perezosa, lavó bien lavado un hueso de pollo del que se le echa al puchero, y cuando estuvo bien limpio lo puso en mi cabecita. La actuación fue un éxito, pero de vuelta a casa, al salir de el colegio había un perro, chucho y feo que me miró, supongo yo que el can llevaba días sin jamar y cuando vio mi hueso de pollo del puchero se le hicieron los ojos chirivitas, y comenzó a perseguirme, en un primer momento hizo gracia, mis hermanas riéndose de mi porque el perro no paraba de mirarme la cabeza, pero luego empecé a preocuparme porque aunque corría no se separaba de mi y se pasó todo el camino hasta que llegué con ojos deseosos de comerse mi tocado.

Otra experiencia surrealista, fue cuando tenía veintipocos, fui de camping, con mis hermanas y mi cuñado a un lugar llamado "El Chorro", decidimos hacer una excursión y llegar hasta el "Caminito del Rey" que es un desfiladero enorme, un paraje precioso (ver foto), por el que transcurre un pequeño puente de madera; por el citado caminito no se puede pasar debido a su peligrosidad, pero si puede llegarse hasta la entrada al mismo. Pues allá que nos fuimos los cuatro caminando bastantes horas, con un sol de justicia y cuando estamos ya cerca del acceso al caminito del rey, después de haber recorrido varios kilómetros, de haber bajado y subido cuestas, vemos a lo lejos un perro, otra vez chucho y feo, de hecho era tan feo que parecía más un lobo que un perro. Mi hermana que es más asustadiza todavía que yo, y eso ya es decir, empezó a decir que era un lobo y que tenia unos dientes muy grandes y que nos había visto y venía a por nosotros. Yo no se si sería un lobo feroz o el perrito de compañía de cualquier excursionista despistado, la cosa es que el animal venía hacia nosotros corriendo. Bueno, correr fue lo que hicimos nosotras, salimos pitando, nos daban los pies en el culo de lo que corríamos, y mi cuñado gritando desde atrás: "no corráis que es peor", peor? peor es si me quedaba allí quieta y el bicho ese me pegaba un bocao, así que hasta que no pude más porque me faltaba la respiración no paré de huir.
Por eso, le tengo respeto a los perros que se dirigen a mi, pero lo de hoy ha sido lo más, como he dicho a veces los perros me ladran cuando voy en moto, pero es que hoy un perro feisimo ha salido corriendo detrás de mi y yo dándole gas a la moto, que la pobre es de 50CC y no corre demasiado, y el perro como un loco detrás de mí, yo pensando dios mio que no se ponga el semáforo en rojo porque el perro me caza, y vete tu a saber que intenciones lleva un perro corriendo detrás de mí, que los perros no son como los hombres, que los ves venir, no, los perros, lo mismo están pensando que vaya ruido tan molón que hace la moto o que están pensando en que vas a ser su aperitivo. Menos mal que le he dado esquinazo y me lo he quitado de encima.
Pero ...... ahora tengo que volver a casa, y si el perro está allí esperándome? y si quiere tomarse la revancha?? creo que voy a tomar otro camino para volver, porque ya me estoy imaginando al chucho sentado en una esquina esperando a que pase con mi Vespita para continuar la persecución, lo pienso y.... mira..... como escarpias se me ponen los pelos.....
Besitos.