jueves, 27 de enero de 2011

hoy me he puesto un poco triste

Cuando era pequeña, en mi colegio, había un niño, Antoñito, era de mi edad, pero estaba en otra clase, fuimos juntos los 8 años de colegio que duraba la antigua EGB. Antoñito, iba en silla de ruedas, nunca supe porque no podría andar ( al parecer por una enfermedad degenerativa en los músculos) , pero todo el mundo lo quería mucho, todos en el colegio lo conocíamos (claro, era el único que iba en sillita de ruedas). Lo recuerdo, y es como si ahora mismo lo estuviera viendo, su cara redondita, de bonachón, un chico muy buenote, siempre lo llevaba su madre al cole, una señora bajita y rechoncha, que empujaba la pequeña sillita.....
Hoy he vuelto a ver a Antoñito. Hace más de veinte años, y no exagero, que no sabía nada de él, de hecho, desde que más o menos acabé el colegio, no lo he vuelto a ver por mi barrio, ni en ningún sitio, de hecho, ni me acordaba de él. Pero hoy lo he visto, me he cruzado con él en el autobús cuando venía esta mañana hacia el despacho.
En un primer momento no lo he conocido, he visto solo a un hombre en una silla de ruedas, acompañado por un señor mayor. Ni lo he mirado. Pero en cuando ellos han llegado a su parada, el autobús tarda más de lo normal porque tiene que sacar la rampilla para que pueda bajar la silla. En ese momento me he dado cuenta que era Antoñito, porque aunque ya es un hombre, está muy muy gordo, se ve que tiene también falta de movilidad en los brazos, y no se parece nada a aquel niño de hace 20 años, sus ojos, eran los mismos que los del Antoñito que estaba en el colegio, esos ojitos tristes, del niño que esperaba en su sillita de ruedas junto a las maestras mientras que los demás hacíamos gimnasia o jugábamos al fútbol.
Su padre, que antaño fuera un hombre alto y delgado es hoy un señor mayor, enjuto, pero al igual que hace veinte años sigue empujando la sillita de Antoñito. 
Por eso me he puesto triste, se me han saltado las lágrimas, porque yo veinte años después, soy una mujer hecha y derecha, he vivido mil experiencias, me saqué una carrera, trabajo en lo que estudié, he viajado, vivo con mi pareja... pero Antoñito, no ha podido hacer nada de eso, el sigue con su padres, dependiendo de ellos para ir a cualquier sitio, y probablemente no habrá podido disfrutar de la vida..... y lo cierto es que Antoñito se lo hubiera merecido.
Besitos.

4 comentarios:

Cruela dijo...

AY que triste es la vida a veces..
A mi me pasa con un vecino que no sé qué tiene pero se le ve un poco retrasadillo no mucho pero lo justo para que nunca salga sola a la calle, siempre va acompañado de su madre una mujer mayor ya y no puedo dejar de pensar en qué será de él cuando ella falte...
besos

ODRY dijo...

Todos tenemos a algún Antoñito en nuestras vidas, es eso lo que nos tiene que empujar, para vivir con más ganas, por la suerte que tenemos de poder hacer un montón de cosas muy sencillas, pero que para algunos es imposible.

Un beso tesoro.

Nais dijo...

Pobre Antoñito tia.

Si te pones a pensar muchas veces nos quejamos de vicio porque hay mucha gente que lo pasa muy mal por carencias fisicas o de salud y eso si que es jodio.

Tia me alegro por lo de tu hermana un montón.

Espero que tu deseo de llamar a la cigüeña salga bien.

Un besazo enorme.

Sandra dijo...

Por eso a veces somos injustos con la vida y con nosotros mismos, cuando nos quejamos por cualquier tonteria, y no nos damos cuenta de lo afortunados que somos, que lo tenemos todo en la vida y no sabemos valorarlo.

Estoy segura que Antoñito se conformaria solo con poder andar, ese hecho que nosotros vemos tan normal, que para nosotros ni siquera es algo a tener en cuenta, a él le hubiera cambiado la vida. Fijate, solo con poder andar.

Que pena.

Feliz finde guapa.